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Full text of "Romance pastoril : comedia rústica"

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JOAQUÍN LÓPEZ BARBADILLO 



Romonce Pastoril 



COMEDIA RUSTICA 



^&^^^ 



eopvright, bv Doaquín López Barbadillo, 1908 

SOCIEDAD DE AUTORES ESPAÑOLES 
Núñez de Balboa, 12 

l©OB 



Digitized by the Internet Archive 
in 2013 



http://archive.org/details/romancepastorilc31014lope 



ROMANCE PASTORIL 



Esta obra es propiedad de so. autor, y nadie po- 
drá, sin su permiso, reimprimirla ni representarla en 
España ni en los países con los cuales se hayan cele* 
brado, ó se celebren en adelante, tratados internacio- 
nales de propiedad literaria. 

El autor se reserva el derecho de traducción. 

Los comisionados y representantes de la Sociedad de 
Autores Españoles son los encargados exclusivamente 
de conceder ó negar el perm^iso de representación y 
del cobro de los derechos de propiedad. 



Droits de représentation, de traduction et de repro- 
duction reserves pour tous les pays, y compris la Sué- 
de, la Norvége et la Hollande. 



Queda hecho el depósito que marca la ley. 



ROMANCE PASTORIL 



COMEDIA RUSTICA 



JOAQUÍN LÓPEZ BARBADILLO 



* 



MADRID 

•%. VZLASOO, IMT., UABQUi^S OR SASTA ASA. IJ DVf 

Teléíono oárcero 56) 
190S 



gil tmimntt ^ximn artor írramátiro 





aiíii^tai 



PERSONAS 



LA VIEJA. 
EL VIEJO. 
EL ÁNGEL. 



ADVERTENCIA 



La mitad del éxito de esta obra depende del modo de ponerla en es- 
cena y de su interpretación. El autor ruega encarecidamente á los ac- 
tores que no la hagan si no la han de hacer bien. Será la decoración 
de tono obscnro yla mayor belleza posible. Se estudiarán perfectamen- 
te los efectos de luz y se medirán con exactitud los intervalos de obs- 
curidad durante los cuales el viejo y la vieja se transforman en jóve- 
nes primero, y después vuelven á la ancianidad; esta transformación 
es facilísima: el actor tendrá barbas y peluca blancas, y peluca la ac- 
triz; no es necesario que se caractericen pintándose arrugas; al tro- 
carse en jóvenes, el actor aparecerá afeitado, y con su pelo natural re- 
vuelto, y la actriz aparecerá peinada de aldeana, con su pelo partido 
en dos mitades y pegado á las sienes. Luego, en la segunda transfor- 
mación, no tendrán más sino acomodarse él la peluca y la barba, y 
ella la pelacíi. Esto, á pesar de la obscuridad, es tan sencillo que un 
solo ensayo basta para ejecutarlo. El ángel estará representado por 
una actriz muy joven, muy bella y muy esbelta. Llevará un amplia 
ropón blanco y unas grandes alas. Los breves pasos que dá al apare- 
cer en escena lus dará lentamente, llena de majestad. Después, svi 
misión so reduce á guardar una inmovilidad absoluta, sentada en 
actitud estatuaria. 



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ROMANCE PASTORIL 



En la cabana donde viven una pastora y un pastor que tienen mu- 
chos años. Es por la noche. En un rincón del fondo, se abre una 
puerta que da al campo; en otro, sobre el suelo, se consumen las 
últimas brasas de un hogar, en el cual unos trébedes sostienen un 
peroi. Junto á este hogar hay un escaño; en medio del recinto so 
levanta una rústica mesa y, cerca de ella, dos toscos asientos. En 
la mesa, un candil arde muy débilmente, ün ventanuco dibuja la 
negrura de la noche sobre el ahumado muro. Hay un ambiente 
de calor y paz en la pobre vivienda. Al alzarse el telón, la vieja, 
que está sola allí, va poniendo en la mesa un pan grande, uh 
gran jarro de loza bastísima lleno de fuerte y rojo vino, y unos 
cuencos de madera. Del campo viene el son alegre de unos villan- 
cicos: 

Esta noche es Nochebuena 
y no es noche de dormh-, 
que está la Virgen de parto 
y á las doce ha de parir. 



Se aleja la canción. El viejo, que vuelve del monte, ha cerrado la 
puerta, abierta á su llegada, y habla solícito, jocundo, con un amor 
de patriarca vencedor de los años y de la tristeza. 



El Vieja, viejilla, ¿tienes frío? Pues no hace 

frío esta noche. ¿Oiste á los mozos que can- 
taban? Esta noche no se oye aullar al lobo. 



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— 8 -- 

Las coplas lo han echado á lo alto de la sie- 
rra. 

Ella Y algunos de ellos amanecerán muertos de 

hambre junto á las veredas. 

El y muchos en sus cuevas. En esta noche 

mueren muchos. Je, je: temen que Dios, 
apenas nazca, castigue álos indinos, y no se 
atreven á salir á malear. Y, je, je, los casti- 
ga: porque, ya ves, se mueren. 

Ella Y vanse á los infiernos. 

El ¿a los infiernos, vieja? Eso es para los hom- 

bres. 

Ella Y para los lobos; que para los hombres hay 

gb^ria también, y los lobos no tienen más 
que infierno; que hacen daño todos. 

El Pero no tienen ánima, y no les cae cundena. 

Ella Criaturas de Dios son. 

El Eso, sí son. 

Ella Y Dios no quiere que hagan daño sus cria- 

turas y, hombre que lobo, yo digo que, para 
El, iguales han de ser. 

El Eso es verdad... ¿Aún no hirvió el pote? 

Ella Sí: pronto ha de estar bueno de comer. Fal- 

tóme leña, y en las brasas casi apagadas fué 
guisándose. Esta leña tan seca, en un respi- 
ro se consume. 

El (Va á la mesa, toma el pan y, sacando un cuchillo del 

pecho, corta rebanadas.) ¡Pan blanco, viejilla! 

Ven: come de él. 
Ella (Tomando un trozo.) ¡Pan de Nochebuena! 

El Sólo esta vez en todo el año lo catamos. 

Ella Sabe á bendición. 

El ¡Pan de trigo, vieja! ¡Y hay quien lo tiene á 

diario! 
Ella ¡El rey! 

El y el abad. 

Ella El abad, ya lo sé. Pero, después, el rey no 

más, creo yo. 
El ¡y vino! Mira el vino, que el verlo da gozo. 

Sólo hoy lo probamos... Pero, ¿no hirvió aun 

el pote? 
Ella ¿No aguardarás, glotón? 

El ...Oye, oye...: yo le daría ya un chupo al 

vino... ¿Eh? 



— 9 — 

Ella Te puede trastornar. Espera á la cena. 

El Verdad: no bebo todavía... Je, je... ¿te acuer- 

das, el otro año, la otra Nochebuena, cónao 
reíanQOS por beberlo?... ¡Y eso que fué bien 
poco! Vieja, las Nochebuenas nos queremos 
más. 

Ella Sí, nos queremos más. No es el vino, es la 

noche. (Quita el sabroso guiso de sobre los trébedes 
y lo lleva á la mesa, jumo á la cual, lleno de santa 
gula, lo aguarda el pastor.) Ya OStá en SaZÓn. 

¡Mira que huele! ¡(Josa buena es! 
El Como cosa hecha por tus manos, (siéntanse, 

se santiguan y empiezan á comer.) Yo tcngO el 

hambre de un zasjal de veinte años. 
Ella Yo ya no tengo frío. Ahora saldría al campo 

sin miedo, é iría por la nieve. 
El y dejarías el guiso, boba. 

Ella En comiendo, te quise decir. 

El y en bebiendo. Bebe. (Xoma él un gran trago.) 

Ella Vejete, picaro, borrachino. Trae. (ei viejo da á 

su compañera el jarro, lleno del vino rojo y fuerte, y 
mientras ella cata el vino hay una pausa augusta.) 

El ¿Qué sentiste? 

Ella ¡Huy, nombre de Dios, que quema, y bien! 

Ijlega aquí el fuego, á la barriga, y sube para 
aquí, y vuelve al pescuezo, y entra como 
una gana grande de cantar. 
El ' Pues canta: á ver: ¿á que no puedes? Ten- 

dría que oir tu canción. 
Ella Ya sé que no; pero no burles, que romances 

decías tú el otro año, y querías remedar á 
los pastores mozos con la voz. 
El y bien que los remedo: 

Nochebuena, Nochebuena, 
en que el Niño va á nacer, , . 
por la sierra un ángel iba 
caminando hacia Belén. 

Se ha perdido entre la nieve .. 
¡Es verdad, viejilia! Me tiembla la voz. 
Ella (con un ansia infantil.) ¡Sí; pero sígue, sigue! 

El No, que es prosa de locos esta prosa. Ro- 

mance es de jóvenes, que tienen ilusión. 
Ella ¡Dilo, dilo! ¿Cómo es? Y se perdió en la nieve 

el ángel, y llegó á una puerta... 



— 10 — 

El Prosa de engaños es. Bebe, bebe, viejilla. 

Deja los romances. Son cosa alegre y vana 

de la juventud. 
Ella ¡La juventudl... ¿Te acuerdas? 

El ¿Que si me acuerdo? Bebe, bebe... ¡Lejos se 

CJUedÓ ya! (La vieja prueba el vino de nuevo.) 

Ella Así, asi era: como esta fuerza de este vino. 

Endemoniado eptá. Cosquillas me hace en 
todo el cuerpo. El diablo inventó el vino. 
El Algo bueno tenía que hacer el diablo. 

Ella Me emborracharás, picaro... Di la prosa, dila. 

El ángel ss metía en la casa de unos po- 
bres... La casa era en el monte... El ángel te- 
nía frío y entraba á calentarse... 
El No. Llegó á preguntar el camino. 

Ella Y eran dos viejos. 

El Calla, calla. 

Ell«í Dos viejos. 

El Dos viejos: 

La vieja hilaba la rueca, 
un lienzo grande tejía, 
y en vez del traje mojado 
el ángel se lo ceñía. 

El viejo, pan de centeno 
y manteca le ofrecía, 
3^ queso de las ovejas, 
y el ángel se lo comía. 

Y en la noche Nochebuena, 
noche que nació Jesús, 
por pagarles la posada 
les volvió la juventud. 
Ella ¡La juventudl 

El La juventud. ¿Qué tienes? ¿Ves? Te echaste 

á llorar, naíralo. Si no quería decirlo. 

Ella (Muy tristemente, muy quedamente, como quien habla 

á solas y son sus palabras lágrimas que suenan.) 

Mentira fué todo ello. La mocedad viene 

una vez no más. 
El Mentira fué. Y aunque no fuera... Dice la 

prosa que el encanto duró sólo una noche. 

Juventud tan corta, no es la juventud. ¿No 

comes más? 
Ella Me entristecí. Duro me sabe el pan de Dios. 

El ¡Aprensión! Toma sangre de El, que esta no 



— 11 — 

tiene que mascar. (Le ofrece cl jarro y ella lo re- 
chaza con su mano trémula.) jViejiUa, vieja, vieja 

mía: no llores tú, que es Nochebuena hoy! 

La nieve cae y temblamos, pero esta noche 

es noche de alegría y de amor. 
Ella Sí. El amor no se fué. No se va. Siempre es 

mozo. 
El No llores tú. Ríe, canta, mírame ¿No me 

decías que sentías ganas de cantar? 
Ella Sí las sentí. Pero no sale la canción. 

El ¡Tus ojos me la cantan! 

Ella Mis ojos, sí. 

Kl Tus ojos. 

Ella Y mi corazón. 

.El Como la yerba que se mueve, y canta sin 

ruido. 

Eli A Así debe de ser. (Muyalo lejos, muy confusa- 

mente, suena un alegre villancico. La vieja, dulce y 
amorosa, ha tomado en sus manos el jarro. Cuando- 
hablan lo» pastores, sus labios temblorosos susurran 
las palabras.) 

El Como las aguas de una fuente quieta, que 

cantan sin ruido bajo su cristal. 

Ella Sí; eso debe de ser. ¿No oyes?... Dicen la pro- 

sa... jYyo también! ¡Y yo también la sé decir!: 



La pnerta se abro. Se apaga la luz feble de la candileja. Un ángel 
blanco y rubio avanza de puntillas hasta los ancianos, que, muy 
juntos, en un tierno transporte, con el jarro en alto, no le ven llegar.. 
La mujer murmura: 



Y en la noche Nochebuena, 
noche que nació Jesús, 

Í)or pagarles la podada 
es volvió la juventud. 



El ángel tiende sus nevadas manos sobre la plata de los cabellos 
Tiejos. El teatro se obscurece. 



-. 12 — 

Fuera, resueua el villancico. Al hacerse la luz, el prodigio volvió 
la mocedad á los pastores: están sentados como autes; son bellos y 
fuertes: ella acerca á sus labios el vino. El ángel, lejos, junto al 
fuego, se ha reclinado en un escaño y dueraje. 



Kl ¡Mi amor! ¡Bonita mía! 

Ella ¡Mi zagal! ¡'Mi amorl 

El Ríe, canta, ríe, que es la Nochebuena. 

Ella La Nochebuena es siempre junto á tí, zagal. 

El El viento abrió la puerta. Cierra. ¿No tienes 

frío? 

Ella No, no hace frío. ¿Lo sientes tú? 

El Tampoco. Temía por tí. Cuando entró el 

viento, sentí yo que en la cara me daba un 
viento de verano, y que olía bien: olor de 
trigo parecía. 

Ella Yo sentí olor de ñores: viento de primavera. 

El Primavera ó verano será, pero la nieve cae. 

Voy á encender ia luz: el aire la apagó. 

Ella No enciendas. Del camino entra bastante 

claridad. ¡Se está tan bien asi! 

El Zagala, zagalilla, bebe vino y quiéreme, que 

va á venir el día. Cuando amane¿ca, tendre- 
me que ir al monte. 

Ella No. No te irá¿ hoy. No quiero que te vayas. 

El He de ir muy lejos, para buscar tierras en 

que no haya nieve y en que el ganado tenga 
pasto que comer. 

b^LLA fues yo he de irme contigo. 

El Tierras lejanas son. 

Ella Yo iré contigo hasta ellas. 

El Aguardarás á que yo vuelva, que hay mal 

caminar. 

Ella No aguardaré; me iré á tu vera, y no ven- 

dremos más aquí. ¡Tierras de sol quiero; tie- 
rras que siempre tengan sol, zagal! Hare- 
mos la vivienda entre unos árboles que es- 
tén siempre verdes, y junto á campos en 
que siempre tenga calor el suelo para que 
nazca yerba. ¿Me llevarás? 

El Sí, irás conmigo. Pero es lejos. 

Ella ¿Qué importa que sea lejos? Los dos somos 



- 13 — 

mozos. Y allí no habrá que hacer candela en 
el invierno, porque no llega el frío; saltarán 
los carneros tras las hembras por una tierra 
que no blanquee nunca; y nuestros hijos... 

El {Nuestros hijos...! 

Ella Sí, nuestros hijos no sabrán lo que es la 

nieve. 

El ¡Zagala mía, sí iremoe! ¡Bésame, bésame, za- 

gala! (cuando se unen sus bocas, una ráfaga fría sa- 
cude á los pastores. Los dos se miran, confundidos.) 

El ¿Qué sentiste? 

Ella Sentí un soplo de hielo... 

El y yo, así, en la espalda... 

Ella La alegría fué... El pensar. 

El El querer ha sido; que el querer, cuando es 

grande, muy grande, hace temblar tam- 
bién... ¿Dióte pesadumbre? 

Ella íso; pero sentí... 

El Totua^ Esto es fuego. (Le brinda el jarro, donde 

ya sólo hay heces.) 

Ella No queda ya. Cierra la puerta. Será el frío 

de la mañana. Viene clareando. 
El Eso será... También lo tengo yo... Es el día,. 

que viene, (se levanta el pastor para ir hacia la 
entrada; pero, de pronto, suena un cantar lejano y 
el pastor se detiene, y la mujer se pone en pie. Los 
dos oyen atentos. A la cabana llegan claros los dulces 
ecos últimos: 

' Por pagarles la posada 

les volvió la juventud. 

Ambos lanzan un grito, que el espanto apaga. Se abra- 
zan. Luego hablan quedamente, con la sencillez ruda, 
de su dolor y de su pasmo ) 

El ¡Prcdigio fué!... ¡En nosotros se hizo! 

Ella • ¡Sí, en nosotros se hizo! 

El ¡Nosotros, nosotros! ¡Eramos los viejos! ,Un 

ángel entró aquí! 
Ella Verdad era la prosa. Fuimos viejos... ¡Viejos 

seremos otra vez! 
El ¡No; calla; no se irá...! No habrá de poder 

irse. . Durmiendo está en la choza... Dícelo 

el romance... 
Ella Se irá, se irá... Va á amanecer. 

El No se ha de ir. Cerraremos. 



— 14 — 

Ella Habremos de salir nosotros, y escapará en- 

tonces. 

El No saldremos nunca. 

Ella Si no salimos, moriremos. 

El ¡Moriremos teniendo nueftra juventud! (cie- 

rra la puerta. Por el ventanuco entra una pobre clari- 
dad de amanecer.) ¡Lo buscarél... iLo mataré yo 
á él! Calla... 

Ella Los ángeles no mueren. 

El E8te se hizo carne... Calla. ¡Lo mataré! 

Ella No morirá... ¡Estás yerto! 

El y tú. Mueve las brasas del hogar. 

Ella Apagáronse todas... 

El Alguna habrá, (los dos, prendidos de las manos, 

vuélvense temblorosos hacia el hogar, y quedan des- 
lumbrados. Junto al hogar han visto al ángel que, en 
el escaño, dueime. Hay una larga pausa en que no 
tienen voz ni acción.) 

El ¡Mira! ¿Lo ves? ¡Es él! 

Ella ¡Es él...! ¡Está dormido...! 

El ¿Tiemblas? ¡No tiembles! (oa un gran salto «¡n 

ruido y toma el cuchillo que hay sobre la mesa. Am- 
bos van de puntillas hasta acercarse al ángel. De la 
sierra llega la vieja canción: 

La Nochebuena se viene, 
la Nochebuena se va... 

El pastor, con el último brío, con todo el brío de una 
fogosa juventud que no quiere irse, masca las palabras.) 

¡Quiero ser joven siempre! ¡Que tú seas jo- 
ven siempre! ¡Que no se vaya la juventud! 

¡Que no huya! (Le hunde el hierro en el pecho. 
El ángel, bueno y blanco, sigue inmóvil su sueño de 
pureza y paz.) 

Ella ¡No brotó í-angrel 

El ¡No brotó!... Fáltanme las fuerza?, (vacilante. 

llega hasta el duro asiento que antes tenia junto i ]a 
mesa, y se echa en él.) 

Ella Dame calor contra tu pecho, (siéntase á su 

lado. Fuera agoniza la canción. 

... y nosotros nos iremos 
y no volveremos más.) 



— 16 — 

El teatro queda á obscuras. Al terminar la copla, se ilumina la 
•escena. No está alli el ángel. Por la entrada, de par en par abierta, 
llega la claridad del dm y se ve la nieve de los campos. Los viejos, 
vueltos á su triste ancianidad, están como al principio. 



Ella Sigue, sigue... 

El ¿Aún no te cansaste? 

Ella Empiézalo otra vez. 

El No; que es cuento de locos el cuento. Deja 

los romances. Son cosa alegre y vana de la 

juventud... 



TELÓN 



Las empresas que hagan representar esta 
obra pagarán por derechos de representación 
la mitad de los que correspondan á una co- 
media en un acto. 



Obras de Joaquín López Barbadillo 



TEATRO 

El fin del mMndo,— Juguete cómico en un acto y 

(Segunda edición.) 
Lahoca delleón.-KníxQmés, en prosa, en colabo 

Francisco de Torree. 
El íoreriío. — Zarzuela en un acto y en prosa, en co 

con José Ángulo 
Camino defiores. — Zarzuela en un acto y en prosa 
El mirlo. — Entremés en prosa, en colaboración co 

Ferrand. 
Las flores del wíaL— Comedia dramática en tres 

prosa, en colaboración con A. Custodio. 
Romance pasUril. - Comedia rústica en un acto y 

NOVELAS 

La epopeya de la mugre. — (Historia desagradable 
Precio, 2 peseta?. 

La hija de Celestina. —Introducción á esta famosí 
Salas Barbadillo, publicada en el tomo I de 
clásica de obras picarescas. Precio, 2 pesetas. 

TRADUCCIÓN 

Comedia de El herrador, del azote de príncipes y 
trador de vicios y virtudes, Pedro Aretino; ab 
primera puesta de la lengua toscana en caste 
II de la Colección clásica de obras picarescas 
setas. 



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Precio: HN0 peseta